cARLA cÁCERES pALMA
FOTOGRAFÍAS
Generalmente, cuando pensamos en la ciudad nos situamos en lo gris, en lo frío y en cómo las personas formamos parte de una estructura, en cómo todos somos robots que producimos en una ciudad donde el concreto y el humo son nuestra diaria compañía, donde lo artificial gana terreno indiscriminado ante lo natural y donde pareciera que todo juega en nuestra contra. A pesar de esto, existe un momento de contemplación, derivado de todo aquello que sentimos que nos hace falta y que añoramos, donde es posible situar la conciencia y dar un respiro tranquilizador. En ese momento no importa ni el clima, ni la hora, ni las obligaciones, ni si los edificios cubren la luz del atardecer. Es el momento mismo el que importa, el que logra trascender las barreras creadas por la sociedad y por nosotros mismos. Es el momento en que somos capaces de dar a conocer algo fuera de lo que se espera de nosotros, el momento en que podemos expresar un sentimiento, una emoción.
La idea de este proyecto es lograr demostrar que, a pesar de las concepciones habituales de la vida en la ciudad, existen espacios donde es posible observar ese momento en que las emociones se sobreponen a la rutina y la estructura. Al mostrar este espacio como un lugar apto para la expresión, es que pretendí colorearlo con distintos matices a través de estas dos emociones, desde la tristeza a la felicidad, desde el llanto a la risa.
Al ser una apasionada por las expresiones y los detalles es que presento estos retratos para demostrar que es posible ese escape desde la turbulencia de lo citadino a la calma y sinceridad que nos pueden entregar. Captar la verdad en una sonrisa, o la intensidad en la mirada, escapa a todo aquello que se puede modificar o fingir, y través de la fotografía pretendo captar ese detalle, la sinceridad misma de la emoción.

